Depresión infantil

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Cerca del 10% de los Menores la Padece. La depresión infantil es una condición real que puede presentarse desde la gestación o la temprana infancia y debe tratarse a tiempo para garantizar una vida normal y ofrecer al menor y a la familia herramientas que les permitan comprender y enfrentar las dificultades que esta situación genera en el aprendizaje y su interrelación social.

Los síntomas característicos y criterios para identificar la depresión infantil, de acuerdo a los expertos, son la tristeza, irritabilidad, anhedonia (pérdida del placer), llanto fácil, falta de sentido del humor, sentimiento de no ser querido, baja autoestima, aislamiento social, cambios en el sueño, cambios de apetito y peso, hiperactividad, disforia e ideación suicida.
 
Los factores que llevan a un niño a deprimirse pueden estar relacionados con problemas sociales, genéticos, sicológicos o bioquímicos que los conducen a situaciones afectivas de tristeza mayor que los vuelve frágiles frente a riesgos como el abuso del alcohol y las drogas.

En este sentido los factores sociales que pueden afectar de manera severa el estado de ánimo en los niños  son aquellos cambios abruptos y desagradables que son difíciles de asimilar y generan inestabilidad como el divorcio o la muerte de los padres, que generalmente se combinan con un ambiente escolar hostil.

Aunque existen varias hipótesis sobre el origen de la depresión infantil la más aceptada es que esta se debe a una interacción de factores  de carácter tanto biológico como social, que conducen a la aparición de distintos comportamientos, que combinados a una cierta vulnerabilidad familiar, personal y ambiental, generan una conducta desajustada.
 
Durante mucho tiempo la comunidad científica sostuvo que la depresión infantil no existía, pero con el advenimiento de la Psicología comparada y el estudio de los procesos interiorizados fue abriéndose paso, hasta que en el año 1975 fue aceptada como concepto y entidad psicopatológica por el National Institute of Mental Health.
 
Hoy no solo se ha reconocido plenamente la existencia de este trastorno sino que se tiene la certeza que alrededor del 8 al 10% de la población infantil lo padece, siendo más frecuente en las niñas, especialmente cuando son mayores de 12 años. Respecto a la clase social,  la mayor frecuencia de estos casos se presenta en menores de estratos medio y bajo.

Por ser el entorno en el cual se mueven y pasan la mayor parte del tiempo, la familia es fundamental  no solo para la supervivencia física sino para la formación y desarrollo  personal de los niños desde los 0 meses hasta los 3 años y por eso deben tener un entorno adecuado que los motive y les brinde afecto y seguridad, lo cual puede ser un blindaje contra la depresión.

La relación madre-hijo es fundamental para una adecuada integración social y personal del niño, si el apego es inseguro este se traduce en problemas de conducta y posiblemente depresión. Igualmente se ha demostrado que si la madre es depresiva esto se convierte en un factor de riesgo para los hijos.
 
Para el normal desarrollo emocional de los  jóvenes son fundamentales las buenas relaciones con sus padres ya que previenen riesgos que pueden estar asociados al desencadenamiento de una depresión.

Muchos investigadores relacionan la depresión infantil con el rendimiento escolar,  considerándolo, en algunas oportunidades como causa y otras como efecto de la misma, ya que un niño deprimido puede  bajar su rendimiento, pero también puede desarrollar síntomas depresivos por un fracaso académico. De cualquier forma es importante el seguimiento que pueda hacer el docente para adoptar los correctivos que sean necesarios en caso de presentarse este trastorno.

En las familias donde existen varios hermanos se ha descubierto que los más vulnerables a desarrollar trastornos de tipo emocional son los que ocupan posiciones intermedias, tal vez por ser los que reciben menos atención.

La mejor recomendación para los padres que tienen hijos depresivos es que estén atentos a construir en ellos una adecuada autoestima y que les enseñen a manejar la frustración. El fracaso debe verse como una experiencia para mejorar y no se debe permitir que lo interioricen y conviertan  en algo negativo, ya que esto impide que puedan ser felices.

Véase también:

Fuentes consultadas:

  1. La Depresión infantil   www.psicologoinfantil.com
  2. Dr. Eduardo Hernández
  3. Médico Pediatra y Psicoterapeuta Conductual Infantil, Venezuela

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