Dificultad para dormir

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La dificultad para conciliar el sueño es una variedad de insomnio, denominada insomnio de conciliación, que se presenta con frecuencia entre las personas adultas. Se estima que alrededor de 30% a 40% de las persona experimentan dificultades para dormir, una o varias veces durante la vida, sobre todo a partir de los 30 años de edad.

Por lo general, la dificultad para dormir es una condición transitoria, es decir que ocurre durante algunos días o semanas y ello la diferencia del insomnio crónico pues este suele persistir por varios meses y, con frecuencia, está asociado a trastornos psiquiátricos o enfermedades crónicas.

La dificultad para dormir consiste en que la persona afectada permanece despierta, a veces por varias horas, después de acostarse, dando vueltas en la cama y en ocasiones, sólo logra conciliar el sueño en las horas de la madrugada, de modo que apenas puede dormir entre dos y cuatro horas, de modo que durante el día permanece somnolienta y experimenta dificultades para concentrarse o poner atención y se siente cansada. 

Esto ocurre porque el sueño es un mecanismo fundamental para el restablecimiento normal de las funciones del sistema nervioso y, en general, de todo el organismo. Aunque la cantidad de sueño que se necesita para lograr un descanso satisfactorio varía entre los distintos individuos, lo ideal es que un adulto sano duerma entre 6 y 8 horas por día.

La principal causa del insomnio de conciliación es el estrés emocional y por eso, casi siempre, este problema se presenta asociado a determinadas circunstancias (factores generadores) como, por ejemplo, problemas en el trabajo, dificultades en el hogar o con la pareja, dificultades económicas o después de una pérdida importante (la muerte de un ser querido, quedarse sin trabajo).

La mejor solución para combatir este tipo de insomnio es asumir una serie de conductas encaminadas a inducir el sueño, las cuales incluyen: no utilizar la cama para otras actividades como ver televisión, trabajar o estudiar en el computador portátil, leer o comer; eliminar de la habitación los objetos que generan ruidos molestos o tienen luces incómodas (las luces de “reposo” que traen incorporados algunos electrodomésticos como el televisor o el DVD); asegurarse que el colchón y las almohadas son firmes y cómodos; acostarse y levantarse a la misma hora todos los días; no realizar ejercicios vigorosos ni comer abundantemente en las tres horas previas la momento de irse a dormir; no tomar café ni bebidas alcohólicas antes de acostarse; y procurar no llevar los problemas a la cama, para lo cual es conveniente utilizar técnicas de relajación dirigidas a aliviar el estrés.

Si la dificultad para dormir se vuelve persistente o bien ocurre más de 3 días a la semana es conveniente consultar al médico, quien en caso necesario podrá prescribir algunos medicamentos que ayudan a inducir el sueño, como ciertos antihistamínicos, hipnóticos (por ejemplo, eszopiclona) o algunos antidepresivos con acción hipnótica (como trazodona).

Véase también:


Bibliografía:

  1. Pinto LR, Alves RC, Caixeta E, Fontenelle JA, et al. New guidelines for diagnosis and treatment of insomnia. Arq Neuropsiquiatr 2010; 68: 666-75.
    2. Ramakrishnan K, Scheid DC. Treatment options for insomnia. Am Fam Physician. 2007; 76: 517-26.

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